La culpa puede originarse dentro de ti, recordando tus errores o decepciones; podría surgir del exterior, cuando alguien te apunta con el "dedo acusador", sobre todo en la infancia con frases como: "debería darte vergüenza"... pero independientemente de dónde venga la culpa, es igual de dañina para la mente y para el cuerpo.
Es obvio que muchas veces cometemos errores, pero hay que apuntar a que ese error sea un impulso para mejorar, aprender y superar esa situación; la culpa te invita a escudarte y no hacerte responsable del hecho en sí.La Dra. Marian Rojas, Psiquiatra en su libro "Cómo hacer que te pasen cosas buenas", enumera unas pautas para apaciguar el sentimiento de culpa y voy a compartirlas.
- Fíjate y toma nota de las principales culpas que te asaltan la mente a lo largo del día.
- Haz una lista de fallos, culpas o faltas que hayas podido cometer a lo largo de la vida y que te hayan marcado de alguna manera. (Por favor no exagerar)
- Observa ese evento de tu pasado que te atormenta como si estuvieras sentado en el tren, viendo esa escena pasar, delante de ti y date cuenta de que ya no hay forma de influir en ella. La culpa no ayuda no te hace crecer.
Vuelve a tu presente con esta pregunta arriesgada ¿qué me estoy perdiendo de mi presente por vivir enganchado en la culpa?.
- Aprende a quererte.
- Cuidado con el victimismo.
- Busca en ti cosas que te agranden, como tus aptitudes y destrezas.
- Fija tus valores. La culpa conlleva que todo el sistema de valores se tambalee. Uno no sabe qué creer y por qué cree que rige tu vida piensa si no está haciendo muy duro contigo mismo.
Me parece que esta manera de encarar la culpa es muy poderosa y sobre todo, que te deja un buen sabor; porque concluye entendiendo que eres una persona muy valiosa, que probablemente se equivocó y te invita a la reflexión.