¿Por qué aceptamos migajas? El merecimiento según Chiaraviglio, Rolón y Riso


 ¿Alguna vez te has quedado en una relación donde el dolor era más frecuente que la paz? 

A menudo, la respuesta no está en el otro, sino en un concepto invisible que dicta nuestras decisiones: el merecimiento.

Desde la perspectiva de tres grandes referentes de la psicología y el acompañamiento emocional, el merecimiento no es un regalo del destino, sino una construcción interna que define el techo de nuestra felicidad.

1. Nilda Chiaraviglio: El merecimiento como autonomía

Para Nilda, el merecimiento está ligado a la responsabilidad afectiva contigo misma. Ella sostiene que no "encontramos" el amor, sino que lo "construimos" desde nuestra capacidad de ser felices por cuenta propia. Si no te sientes merecedora de placer y respeto, terminarás cediendo tu libertad para que el otro no se vaya. Para Nilda, el merecimiento es dejar de ser "víctima" de las circunstancias para convertirte en la arquitecta de tus vínculos.

2. Gabriel Rolón: El deseo y la falta

Desde el psicoanálisis, Rolón nos recuerda que el amor siempre está atravesado por la falta. El problema del merecimiento surge cuando intentamos llenar un vacío existencial con la presencia de alguien que nos lastima. Creer que "merecemos sufrir" suele ser un mandato inconsciente de nuestra historia infantil. Rolón plantea que el amor sano solo es posible cuando el merecimiento pasa por entender que el otro no viene a salvarnos, sino a acompañarnos.

3. Walter Riso: La dignidad como límite

Riso es contundente: el límite del amor es la dignidad. El merecimiento, bajo su óptica, es el autorrespeto. Si el amor te exige que te ignores, que sufras o que te humilles, entonces no es amor. Riso enseña que debemos ser "egoístas razonables": si no creo que merezco ser tratado con justicia y ternura, mi umbral de tolerancia al maltrato será peligrosamente alto.

Lo que nadie te contó es que el amor no tiene por qué doler. Elegimos parejas que nos duelen porque, en el fondo, nuestro termómetro de merecimiento está desajustado.

¡Tu proceso de sanación empieza por creer que mereces algo mejor!

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