El Hechizo de la Desesperación: Por qué la mente recurre a la "magia" para retener
1. El Cerebro: Una adicta en "mono"
Desde la neurociencia, el rechazo amoroso activa las mismas áreas del cerebro que el dolor físico (la corteza cingulada anterior). El cerebro procesa la pérdida del ser amado como la retirada de una droga.
Caída en picado de Dopamina: Ante la ausencia, el cerebro entra en un estado de pánico químico.
Desactivación de la Corteza Prefrontal: La zona encargada del juicio lógico se "apaga", permitiendo que el sistema límbico (emocional) tome el control. En este estado, el cerebro no busca la verdad, busca alivio inmediato. La "magia" se percibe como una dosis de esperanza que calma la ansiedad.
2. Psicoanálisis: El Pensamiento Mágico y la Omnipotencia
Sigmund Freud hablaba de la "omnipotencia del pensamiento". Es un mecanismo regresivo donde el adulto vuelve a etapas infantiles.
El Ego herido: La pérdida del otro se vive como una mutilación del propio yo. Para no aceptar que no tenemos poder sobre la voluntad ajena, el inconsciente crea la fantasía de que, mediante un ritual, podemos "doblar" esa voluntad.
Control Simbólico: El amarre no es para el hombre, es para la mujer que lo hace; es un intento de recuperar el control en un momento donde se siente absolutamente impotente.
3. Conductismo: La Trampa del Refuerzo
Desde la psicología de la conducta, recurrir a sortilegios es una conducta supersticiosa.
Locus de Control Externo: La persona deja de actuar sobre su propia vida (mejorar su autoestima, poner límites) para depositar la solución en algo externo.
Alivio de la Ansiedad: El simple hecho de realizar el ritual reduce momentáneamente el cortisol (hormona del estrés). Ese alivio es un reforzador negativo: "Hago esto para que deje de dolerme".
En conclusión, buscar un amarre es el síntoma de una profunda desregulación emocional. No se trata de fuerzas ocultas, sino de un sistema nervioso que no tolera la incertidumbre ni el duelo.



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