¿Qué hace que una pareja sea consciente, bien trabajada y sana?


Hablar de pareja sigue siendo uno de los grandes desafíos emocionales del ser humano. No porque falte información, sino porque muchas veces amamos desde lugares inconscientes, desde heridas antiguas o expectativas irreales.

La pregunta no debería ser solo “¿me ama?”, sino algo más profundo:
¿desde dónde estoy amando yo?

Para responderla, vale la pena integrar tres miradas psicológicas complementarias que nos permiten comprender el vínculo de pareja con mayor madurez emocional.

La pareja consciente: amar desde el adulto (Nilda Chiaraviglio)

Desde la mirada sistémica de Nilda Chiaraviglio, una pareja consciente no se construye desde la necesidad, sino desde la elección. No se trata de dos personas que se buscan para llenar vacíos emocionales, sino de dos adultos que se encuentran desde la responsabilidad afectiva.

Una pareja consciente implica hacerse cargo de la propia historia emocional. Reconocer los patrones aprendidos en la infancia, los mandatos familiares, las lealtades invisibles que muchas veces nos llevan a repetir vínculos dolorosos. Amar conscientemente es preguntarse si lo que vivimos es amor… o repetición.

Otro pilar fundamental es la individualidad. En una pareja consciente no se pierde el “yo” para sostener el “nosotros”. Cada integrante conserva su identidad, sus proyectos y su espacio personal. La relación no es fusión, es encuentro.

Amar desde la conciencia es dejar de esperar que el otro nos salve y empezar a compartir desde un lugar adulto y disponible.

La pareja bien trabajada: amor propio y límites (Walter Riso)

Walter Riso aporta una mirada clara y directa: el amor sano no implica sufrimiento constante ni sacrificios crónicos. Una pareja bien trabajada es aquella que se construye desde el respeto, la autonomía emocional y el amor propio.

Para Riso, uno de los grandes errores en las relaciones es confundir amor con dependencia. Cuando el otro se vuelve imprescindible para existir, el vínculo deja de ser saludable. Amar no es necesitar; amar es elegir.

En una pareja bien trabajada hay equilibrio entre dar y recibir. No existe el rol permanente de salvador ni de víctima. Ambos cuidan el vínculo, pero sin anularse. Además, se establecen límites claros: el control, los celos excesivos, la manipulación o la falta de respeto no se justifican “por amor”.

Otro aspecto clave es la manera de gestionar los conflictos. Discutir no es fracasar como pareja. El problema no es el desacuerdo, sino cómo se expresa. Una pareja bien trabajada aprende a dialogar sin agredir y a retirarse si el vínculo deja de ser digno.

La pareja sana: deseo, palabra y falta (Gabriel Rolón)


Desde el psicoanálisis, Gabriel Rolón introduce una idea tan incómoda como liberadora: nadie viene a completarnos. Una pareja sana no se construye desde la fantasía de que el otro llenará nuestros vacíos existenciales.

Cada persona llega al vínculo con su propia falta, y aprende a convivir con ella. Cuando se espera que el otro calme todas las angustias, se genera dependencia y frustración.

En una pareja sana el deseo está vivo, pero no hay posesión ni fusión. El otro sigue siendo un otro, no una extensión de uno mismo. Se respeta la diferencia y se acepta la imperfección del vínculo.

La palabra ocupa un lugar central. Lo que no se dice se actúa. El silencio prolongado, los temas evitados y los miedos no expresados terminan erosionando la relación. Una pareja sana puede hablar de lo incómodo, incluso de la posibilidad de no continuar.

El amor sano no elimina la angustia, pero la vuelve compartible.

Integrar para amar mejor

Una pareja madura no es perfecta. Es consciente, bien trabajada y hablada.
Integra la responsabilidad emocional, el amor propio y la capacidad de desear sin poseer.

Tal vez el mayor acto de amor no sea aferrarse, sino revisar desde dónde amamos. Porque cuando cambiamos el lugar interno desde el cual nos vinculamos, también cambia el tipo de relación que construimos o sostenemos.

Amar con conciencia no garantiza que no duela.
Pero sí evita que nos perdamos a nosotros mismos en el intento.

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